domingo, 27 de julio de 2008

Los valores y la ética

LOS VALORES DE LA CULTURA COMO IMPULSORES DEL CAMBIO.

CIUDADANÍA : Convivencia, democracia y gobernabilidad. 

Intentaré ubicar desde la perspectiva del tema algunas ideas en torno a las reflexiones elaboradas en el intercambio de aportaciones de los compañeros de la red de homólogos del curso “Los valores y la ética”.

Al discutir sobre la ciudadanía esta no se debe circunscribir en torno solamente al ejercicio de los derechos políticos o al lugar de nacimiento, esta tiene que ir más lejos al considerar a la persona en sus plenos derechos por ser individuos con dignidad. Desde este punto de vista el hombre no tendría una connotación propia de ciudadanía sino hablaríamos de la persona como un ente Universal.

La persona con una participación democrática por estar ubicada en un espacio, del cual es merecedor en igualdad de circunstancias, si él carece es debido a que ha sido despojado por otros, aquellos que han ganado más fuerza y espacios dentro una sociedad in equitativa , deshumanizada, sin alma. “sin democracia no puede haber ciudadanía”.

Se requiere del ciudadano activo, con participación con valores para el ser humano, defensor de sus espacios y aquí encontramos a los jóvenes con sus movimientos juveniles planteando el problema de la exclusión de la vida política y pública. Como comenta Evelina Dagnino “La exclusión alude y se funda en un proceso cultural que podemos denominar autoritarismo social” reflexionemos en este comentario de Dagnino en donde va más allá hasta encontrar clasificaciones o diversas categorías excluyentes en que no son reconocidos como iguales los demás y a veces ni como parte de la comunidad.

Es por ello que el pensamiento apunta a la minusvalorización a un falso entendimiento de los conceptos esenciales de las valores, se tratará de abordar los valores desde una perspectiva más humana –es lo que creo- en cuanto a los participantes de la vida académica, sirva las notas siguientes como una reflexión de lo visto en el curso.

Hoy día se ha acentuado la ambigüedad en la interpretación de los conceptos, así como la multiplicación de interpretaciones que de ellos se hacen la pos modernidad nos ha hecho presa de fenómenos sociales que nos dejan con posiciones amorfas, sin claridad de acción que nos hacen mostrarnos impávidos.

La pluriformidad del pos modernismo debemos considerarla desde el punto de vista antropológico serio, y no como una sucesión de discontinuidades o saltos superficiales, fenomenológicos caprichosos de momentos.

El pos modernismo tiene un punto claro de coincidencia: considerar como clave de la vida a la persona individual (*) . Pero aquí radica el fin que le daremos a la interpretación, la esencia se otorga a la persona y dependiendo del concepto que se tenga de ella daremos nuestra interpretación a la realidad en la que operamos. Pudiéramos considerar al hombre como persona por que posee una capacidad de propio dominio y de trascendencia.

Sólo el hombre es persona, sujeto consiente y libre, y precisamente por estas dos consideraciones es centro y vértice de su existir y de su relación con su medio,

La dignidad de la persona es el bien mas precioso que el ser humano posee, gracias al cual supera en valor a todos los materiales, el hombre vale no por lo que tiene sino por lo que es. La persona como tal no es susceptible de reglamento ni de venta, ni de acuerdos o negocios unilaterales para beneficio particular.

Esta postura debe irrumpir en la empresa de hoy, es decir, hacer la resurrección de los valores que se encuentran enterrados en la monotonía del poder y el dinero.

(*) Llano C. Carlos . El pos modernismo en la empresa pag. XVI


De la percepción que tengamos conformaremos muchas de nuestras conductas, pero el significado esencial que es igual para todos , debido a su carácter esencial podremos valorar la aceptación o rechazo cuando hablamos de cultura, trabajo, personas, valores, ética, sucede lo que en mucho no podremos evitar. Veamos algunos conceptos de cultura y evaluemos si estamos con los ingredientes completos para lo que hemos hecho y estamos viviendo.

“La cultura es el esfuerzo constante del espíritu humano por realizar valores en la vida”.
Keyserling

“La cultura es el centro del hombre mismo, su perfeccionamiento a través de sus obras. Cultura es todo lo que no es naturaleza , todas las obras de la actividad humana, las realizaciones humanas transmisibles por mecanismos distintos de la herencia biológica”.
Manuel Guerra

“La cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, accede mas al ser”.
Juan Pablo II

Podríamos decir con el soporte anterior que la cultura es el resultado o efecto de cultivar los conocimientos y de afinarlos por medio del ejercicio de las facultades humanas. También es el conjunto de los valores y de forma de vida de un grupo.
Podremos decir que es el cultivo interior del ser humano fruto de su actividad.
La cultura tiende directamente al desarrollo y perfeccionamiento del ser humano. Como estos fines no pueden lograrse sin la convivencia, la cultura se hace civilización, es decir, refinamiento, mejoramiento y progreso.

Se puede afirmar con Guzmán Valdivia que el nexo entre la cultura y la civilización la establecen los valores: esas excelencias del ser que el hombre descubre, concibe, siente y quiere en función de su propio desarrollo y perfeccionamiento.

En la cultura el proceso valorativo puede tener dos vertientes, una, en la que quien valora verdaderamente descubre la riqueza cultural; la otra cuando al valorar no se descubre tal riqueza, se adoptan estilos de vida del nivel inferior y hay un retroceso socio-cultural.

Lo que daña a la persona es aquello que contamina a la autentica cultura, que se confunde con ella y que solo es bueno en apariencia .

Lo que realmente es cultura se debe a los valores descubiertos y vividos.
A continuación se presenta un poema de Federico Mayor Zaragoza que hace pensar sobre aquellos, principalmente jóvenes en donde se vierte la condición del cambio del cual son excluidos, sin embargo la manifestación queda y se hace patente per secula secolorum.
Así como las manifestaciones de los jóvenes con los que tratamos en cada sesión, sirva la presente para un mejor entendimiento de nuestros dicentes.


Te quejas
de oleaje fuerte
para esto queremos
el valor
de quienes no aceptan
Solamente
lo visible.
La calma es sumisión,
abatimiento
muerte.
La vida
está en el remolino
donde azota el viento
y cada célula trepira
y cree
en lo imposible.
Sólo los rebeldes
son vigías
del cambio
que la condición humana
exige.

Federico Mayor Zaragoza.
Director General de la UNESCO.




En la actualidad se habla de valores situados exageradamente, sin precisar su noción, sus alcances, sus implicaciones, sin considerar si esto esta bien definido.

Los valores no deben separarse del ser y de la verdad de los entes. El ser humano tiene la capacidad de explicarlo todo mediante su inteligencia con su señorío descubre los valores, los asume, hace valoraciones y pretende dominar el entorno.

VALOR: Es toda perfección real o posible que procede de la naturaleza y que
se apoya tanto en el ser como en la razón de ser de cada ente.

El valor y la valoración actualizan el ejercicio de la inteligencia.

El valor se capta al conocer, la valoración se hace eficiente al realizar juicios. En el primer momento, el hombre conoce la realidad, la contempla, la comprende. Después al valorar vuelve sobre las cosas, las ordena las jerarquiza y las planifica.

Los valores dan luz a la inteligencia para guiar a la voluntad, y que se hace vida cuando el ser humano adquiere virtudes. Por ello no deben identificarse los valores con las virtudes.

Vivir lo valorado supone ejercitarse hasta alcanzar la virtud y entonces la conducta manifiesta la intensidad del hombre, descubre aquello con lo que se estableció un compromiso.


VALORES

Existen distintas posturas acerca de los valores.

En el ámbito subjetivo el ser humano es quien dice lo que son los valores porque, o reconoce solo los que le interesan, o los recrea.

En el ámbito objetivo se observa la realidad. La realidad es lo que es independiente de la opinión de quien lo conozca: la verdad se impone y el valor de lo que es verdadero no se cuestiona.

Cuando los entes realizan sus tareas, se habla de valores de operación.

Así los valores de alguien o de algo se acrecientan en la medida en que cumple realmente su razón de ser (vocación). Y ese sujeto se manifiesta como valioso, porque tienen valores y los ha puesto en practica.

Podemos afirmar que los valores tienen realidad, por que se apoyan en el ser de los entes, y como el ser es la primera perfección que tiene cada ente, puede decirse que el ser es el primer valor, del que se seguirán los demás valores.

Los valores solo se dan en la realidad que es lo que opera.

El no realizar una posibilidad puede frustrar el desarrollo de la naturaleza de un determinado ser, porque tenia la capacidad de hacer algo que no hizo. Pedir a una persona que cultive una virtud es posible, por que ella puede hacerlo, sin embargo solo si quiere lo hará.

Cada ente tiene una razón de ser y por eso tiene valores, la razón de ser de algún modo se frustra, si nadie conoce esos valores o no los aprovecha ni proyecta.

Los valores siempre se dan en lo existente. En la idea solo se puede dar la noción de valor.

Al conocer y descubrir los valores, el ser humano no se queda indiferente, activa su voluntad, y como fruto de una comparación entra los valores conocidos, puede elegir algo bueno con preferencia de otras bondades, la voluntad tiene como objeto propio el bien objetivo, que esta cimentado en la verdad que presenta la inteligencia.

Al comparar y elegir la persona esta realizando una valoración. Por esta capacidad valorativa el ser humano puede influir en su ambiente .

Por la inteligencia recibe, por la voluntad aparta y modifica su entorno.

Es mas fácil acceder al conocimiento de los valores que al campo de las valoraciones, debido a que en las últimas se ejercita la voluntad y la afectividad sobre lo externo, situación que implica un compromiso.

Los valores no se crean, sólo se descubren y se pueden aprovechar.

Cuando se eligen determinados valores es porque se han descubierto, seleccionado y aplicado para resolver las situaciones vivir cotidiano con un estilo personal.

La elección de valores es adecuada cuando responde satisfactoriamente a los requerimientos de una situación dada,

Cuando nos referimos a que los valores se descubren están en posibilidad de ejercer una causalidad transmisora de valores. Esta causalidad se realiza en comunidad, por eso los valores tienen dos dimensiones: una estática de estar ahí, en su sujeto y otra dinámica por ser susceptibles de descubrirse y aplicarse para beneficio de personas y grupos. En este sentido la dignidad de un ser humano reside, en el valor propio de su condición personal. Desde el punto de vista moral una persona es digna según los valores que ella misma aplique y adopte para adquirir virtudes morales. Todo esto la califica como valiosa, pero además, la capacita para transmitir lo que ha descubierto y ha adoptado. De este modo puede dignificarse y dignificar a otros.

El sentido pleno de los valores se alcanza cuando alguien los conoce la aplicación de ese sentido se realiza cuando los valores influyen en la conducta de personas y comunidades.
No basta con que los valores se conozcan, deben influir en la voluntad del ser humano y hacerse vida.

Las personas adoptarán los valores que le sean mas accesibles y ellos serán los que darán su estilo de vida. Por eso puede haber estilos de vida ricos o deficientes en valores, o estilos de vida equívocos o erróneos en valores.
Los primeros son aquellos modelos en los que se adoptan prácticamente todos los valores que se deben aplicar. Los estilos de vida deficientes solo admiten algunos de los valores que deberían vivirse.

Hay que aclarar que el valor siempre supone algo positivo, supone perfección, por lo que sería un contrasentido hablar de valores negativos. En cambio si puede hablarse de antivalor o de contravalor cuando hay algo negativo que oscurece el conocimiento del valor, que impide su aplicación o que supone la elección, fuera de lugar, de un valor que en mi mismo es bueno, pero que perjudica a quien lo elige por las circunstancias concretas del sujeto.


VALORACIONES

La razón de ser fundamenta y propicia todos los valores de cada ente. Se parte de una naturaleza concreta y desde ella, acentuando su potencialidad se pueden actualizar otros valores.

Cada ente cumple su misión concreta cuando actualiza su razón de ser. En la medida en que tal razón se realice con fidelidad y plenitud, el ente corpóreo será mejor aprovechado y el ente corpóreo espiritual realizará su misión de servicio de manera más plena, según sus circunstancias.

La persona humana como ente corpóreo espiritual, también tiene su razón de ser, vale. Esta razón, por ser más rica que la de cualquier otra realidad, no se agota en que exista. El humano, al descubrir los valores en si mismo y en otros percibe la potencialidad propia y ajena y puede actualizarla.

Es bueno que algo exista, pero es mejor que además alguien conozca esa existencia y toda su riqueza.

El hacer consciente tal proceso de conocimiento servirá de base a la actividad humana que no solamente contempla, sino transforma. Esta transformación supone relacionar los valores en los entes, pero también darles otra proyección a los valores.

En la persona la dinámica de la captación de los valores no es inmediata, primero conoce el entorno, después se conoce, y luego al reconocer el entorno (volver la actuación sobre lo conocido) valora tanto lo conocido como así mismo.

Al hablar de la captación de valores, necesariamente entramos en un terreno subjetivo, por que esta captación depende del modo de ser propio de cada persona, de su educación de sus intereses, de su experiencia, sin embargo, el punto de partida es la realidad, que a todos nos dice lo mismo.

La valoración es la acción y el efecto de valorar. Es evaluar, estimar, apreciar. Valorar es determinar el valor de algo, poner precio es reconocer el valor o el mérito de una cosa o de una persona , es aumentar el valor de algo, valorizar.

Este proceso valorativo sólo puede hacerlo conscientemente los seres inteligentes, quien se enriquece cuando capta la realidad. Pero la persona no se queda estática, sino que inicia un proceso interior de relaciones de análisis… que después proyecta como una aportación personal.

Este captar y expresar a mi manera, la perfección de la realidad es lo que se llama valoración. Se capta lo objetivo, pero al modo personal, siempre que incluya el respeto de la realidad.

La valoración se hace sobre la realidad, y no basta, con haber captado la esencia de los entes, hace falta captar también lo propio de cada uno de ellos.

Esto es mas difícil, porque supone una profundización analítico-sintética de cada ente, lo que depende más de las cualidades del sujeto que valora que de lo que es valorado.

Se introducen así diferencias subjetivas frente a un mismo objeto de conocimiento y la posibilidad de errores a lo largo del proceso valorativo.

En la valoración, hay que tomar en cuenta las posibilidades de cada ente, que están mas relacionados con la razón de ser.

Si es difícil conocer el ser propio de cada uno, es más difícil conocer la razón de ser, por lo que aumenta el margen de error.


VIRTUDES

Para hablar de las virtudes hay que apoyarse en el concepto de hábito como disposición constante de hacer o de obrar de una manera determinada. El hábito supone un acto deliberado que puede ser bueno o malo. En el primer caso se trata de una virtud, en el segundo de un vicio.

Si hablamos de virtud en sentido estricto diremos que es un hábito operativo bueno, también puede definirse como la capacidad y la habilidad de llevar a cabo determinadas acciones adicionales a la persona humana. En ciertos sentidos, la virtud y el valor no se identifican, porque la virtud parte del valor que está en el terreno entitativo y se proyecta a lo operativo .

Toda virtud se enraíza en un valor originario que el ser trae en su misma naturaleza, o que por su naturaleza puede desarrollar o adquirir. Y el valor originario queda enriquecido al cimentarse la virtud.

Los valores a diferencia de los hábitos buenos o virtudes, son toda perfección y razón de ser que dependen de la naturaleza de cada ente. Los valores se conceptúan en la inteligencia, a través del sentido interno de la cogitativa. Se puede decir que los valores pertenecen al orden de la intelectualidad, las virtudes suponen entonces, el ejercicio de la voluntad

Hay virtudes intelectuales y morales. Las últimas son las que realmente perfeccionan a la persona pues no se quedan en el ámbito de la especulación, sino que se apoyan en la especulación y provocan la operación.

Con las virtudes morales se mejora el hacer, a través de este hacer se mejora el ser, y desde la voluntad que hace-hacer se influye en la inteligencia que aprende a observar y a reflexionar sobre la vivencia del hacer.

Las virtudes morales permiten alcanzar la bondad en absoluto, porque la actividad que provocan está apoyada en el ejercicio de las virtudes especulativas.

Las virtudes pertenecen al orden de lo volitivo pues, aunque las virtudes intelectuales perfeccionan a la inteligencia, el desarrollo de cualquier virtud requiere de la influencia de la voluntad, que sostiene el ejercicio para aumentar el hábito bueno.

Por la dinámica de las operaciones humanas, todo lo que afecta al intelecto influye en la voluntad. Cuando se adquiere la virtud, el motivo es mas intimo, porque el valor se fortalece.

Una sociedad en donde se practican las virtudes es mucho más rica pues al desarrollar una virtud automáticamente crean otras, por la conexión que existe entre ellas.

La virtud está en el campo del bien y siempre sana lo enfermo, cultiva lo agreste, ordena lo disperso, resalta lo inadvertido, armoniza el caos y embellece las acciones.
El trabajo bien realizado fortalece los valores para el desarrollo personal y para el impulso económico y social

Así es como se satisfacen parte de las necesidades individuales y sociales de la persona que le permitirán explicitar los valores de la sociabilidad y los valores del desarrollo personal.

Con esta base es fácil vivir la virtud de la solidaridad y de la confianza. Estas virtudes a su vez pueden impulsar las virtudes de la laboriosidad y de la responsabilidad, solidaridad, confianza y en la convivencia de identidad y de pertenencia.

Sólo con la acción y profundizando en nuestros actos viendo los otros como nosotros integraremos una comunidad más cordial.

domingo, 29 de junio de 2008

La confianza, virtud que mueve

No cabe duda que en nuestro andar por la vida, se va uno encontrando con ciertas cosas, eventos y sobre todo palabras que lo hacen a uno reflexionar. De pronto se queda uno pasmado y pensando sobre el poder que tiene una palabra y la serie de acciones que toma uno al considerarla , de pronto te das cuenta que nueve letras, son la clave para poder interactuar con otros, te das cuenta de quienes la poseen o son depositarios de ella cuentan con el reconocimiento de los demás, que abre las puertas al dialogo, al consejo, al trabajo, al noviazgo, al matrimonio a mantener en paz nuestros pensamientos cuando se enfoca uno en otras actividades.

La confianza en la vida laboral, que es una forma de vida social, nos permite interactuar unos con otros y así irnos integrando como una comunidad, como una organización y este ingrediente es necesario para que se mantenga unida. ¿Has pensado que sería de tu vida sin confianza? ¿A quién le tienes confianza? ¿Quién es digno de confiar? ¿Confió en mi comunidad? ¿Confió en mis gobernantes? ¿Confió en mi jefe? ¿Confió en mis compañeros? ¿Confió en…? Y así puedo darme cuenta de que toda acción dentro de mi vida esta rodeada de establecer lazos de confianza. No te parece que todo esfuerzo que hagamos esta sustentado en la base de la confianza, confianza en uno mismo, confianza en los demás.

El contacto humano es necesario para adentrarnos en la confianza y empezamos teniendo límites o poniendo límites al otro, después vamos conociendo más de aquella persona hasta que se va o más bien lo involucramos en un dialogo en donde planteamos más apertura para que nos conozca más, es decir, le abrimos la puerta a nuestra interior. Si hemos tenido una apertura con el otro y ese otro no respeta la apertura que le dimos, en ese momento se acabo la confianza y para restituirla es casi imposible nos deja marcados para toda la vida.

Que pasaría si en nuestra vida laboral no existiera la confianza, como trabajaríamos, de que manera integraríamos los equipos de trabajo, como pudiéramos manifestar nuestro liderazgo, como guiaríamos a los colaboradores, como estableceríamos sinergias, como pediríamos ayuda para realizar alguna tarea en específico.. Y que pasa cuando nuestros productos y servicios salen al mercado, nuestra empresa es confiable, es confiable nuestra marca, es confiable nuestros servicios, es confiable nuestra fuerza de ventas, es confiable nuestro producto, es confiable la comunicación de nuestra empresa, producto marca etc. Así como fuimos arrojados al no representar confianza a una persona, de la misma manera nuestros servicios, productos pueden ser no usados o no consumidos si presentan desconfianza o un engaño que deteriore la confianza de nuestros consumidores o clientes.

jueves, 26 de junio de 2008

Calidad y Valores

“Hacer bien las cosas y a la primera”, “Cumplir con los requisitos del cliente”.

¿Dónde se produce la calidad? Esencialmente la calidad radica en cada uno de nosotros, y si es así, podemos decir que la calidad la producimos todos y somos responsables al asumir una actitud de hacer bien las cosas a la primera o hacerlas mal.

Si interviene nuestra actitud al producir la calidad, es conveniente que tengamos cuidado en nuestros actos, en nuestras acciones y que pensemos en la trascendencia, que ocasionan nuestros comportamientos, esto no es más que detenernos a reflexionar en el impacto que tiene nuestro trabajo en otros, una formula fácil es preguntarnos como nos gustaría recibir un producto cuando pagamos por el.

Transformar una materia prima en otro producto brindando beneficios, asegurando que nuestro trabajo repercute debido al cuidado y esmero que pusimos en todo aquello que realizamos es tan visible que el termino que nos califica y nos distingue es “persona de calidad”.

La calidad es un filosofía de vida que depende de cada uno de nosotros, del equipo que integramos, de la organización en que trabajamos y que somos parte de ella. La calidad somos todos, por que no contagiar a los demás si esta es muy bien vista, ¿no crees que vale la pena?.

Para ser personas de calidad, nuestra mentalidad deberá estar centrada precisamente en cada una de nuestras acciones, respetando los procesos, los procedimientos, las políticas que ya fueron revisados y si lo podemos mejorar decirlo, eso habla muy bien de nosotros, nuestras miras deben ser altas a buscar y sentir el orgullo de poder decir “yo lo hice”, “yo participe”, “puse mi grano de arena”, “lo hicimos”, “pertenezco al equipo”, “trabajo en esa empresa”. El sentirnos satisfechos de haber contribuido de una u otra manera en lo que el mercado califica como “buen producto”, como “buen servicio”.

Todo lo anterior se da, como se advertía si somos personas de calidad pero para ello hay una serie de valores de principios que todos llevamos adentro, sólo es cosa de sacarlos y demostrarlos en nuestro trabajo, esos valores que tienes y que puedes ponerlos en práctica para acrecentar la calidad son:

ORDEN. Son las normas que debemos seguir para la consecución de un fin de un objetivo. Piensa en la responsabilidad que tienes y porque es importante seguir los lineamientos, piensa en tu vida ¿qué pasaría si no siguieras un orden?

DISCIPLINA. Son las pautas de conducta que debemos observar dentro un grupo y que nos ordenan en nuestras actividades, mostrando una actitud de aceptación.

HUMILDAD. Es la capacidad para reconocer nuestros errores y replantearnos la mejora para crecer como personas. Para aceptarnos, rectificar y ser mejor día a día.
Si no somos humildes no podremos tener la apertura para ver y reconocer aquellas cosas en las que tenemos que mejorar.

LABORIOSIDAD. Trabajar en nuestro primer paso. Hacerlo bien y con cuidado en los detalles es cuando se convierte en Valor. ¿Cuánto te falta para dar ese salto? Como veras si se puede, la mitad ya la recorriste solo es dar el siguiente paso.

PERSEVERANCIA. Para levantarnos de las frustraciones de nuestros errores del día y ver que si podemos hacer las cosas mejor. Siempre es tiempo de que los buenos propósitos se hagan realidad.

SENCILLEZ. Para compartir y corregir aquello que podamos o veamos en el trayecto que va mal. La sencillez nos hace mas profundos y perdurables.

miércoles, 25 de junio de 2008

Las virtudes y la dirección

¿Por qué el directivo debe ser virtuoso?

¿Qué beneficios obtendrá la empresa?

¿Qué acciones o conductas podemos representar en la tarea directiva que hagan alusión a cada una de las virtudes?

¿Cómo se reflejan las virtudes en la estrategia de la empresa?

¿Qué relación tienen las virtudes con el ejercicio del marketing?



El hombre bueno es el hombre virtuoso, o sea, aquel que habitualmente actúa con rectitud ética.

Virtud es un hábito operativo bueno. La virtud es una facultad perfectiva de la mujer o del hombre, esto quiere decir que las virtudes son perfecciones de la persona. A la virtud corresponde el concepto de hábito, es decir, la disposición constante y firme de hacer el bien. Lo contrario a la virtud es el vicio.

En la virtud la persona compromete toda su acción y favorece que se ejercite en hacer de continuo actos buenos. San Agustín define la virtud como: “ Virtud es aquella buena cualidad del espíritu, por la que se vive rectamente, y de la que nadie usa mal”.

En CEC 1803 “ La virtud permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas las fuerzas sensibles y espirituales, la persona tiende hacia el bien y lo elige a través de acciones concretas”.

Las virtudes cardinales juegan un papel central en el actuar ético de la persona, en efecto el buen actuar se fundamenta en estas cuatro virtudes Prudencia. Justicia, Templanza y Fortaleza.

La Prudencia aporta la discreción en el obrar atendiendo al ser y a la verdad de las cosas; la justicia supone la rectitud y la equidad en el actuar, al fortaleza vence las dificultades que salen al paso del vivir moral y la templanza evita el desorden y permite el dominio de las pasiones.
Prudencia es el hábito que posibilita a la razón juzgar rectamente y determinar aquello que se debe hacer. Es una virtud activa que orienta y dirige a las demás virtudes, dado que les indica qué, cuándo y cómo actuar o, al contrario, determina si es o no necesario omitir una acción o también si es conveniente elegir una determinada opción frente a
otra serie de posibilidades.

La prudencia es decisiva por cuanto hace relación a lo más intimo del ser humano, a la inteligencia y la voluntad, o sea, en la prudencia se integran dos elementos: uno cognoscitivo y otro resolutivo.

La inteligencia ofrece a la voluntad el conocimiento de lo que es bueno hacer y de lo que se debe evitar. Por otro lado la inteligencia ayuda a la voluntad para que la persona lleve a término lo que la razón juzgo que convenía realizar u omitir, o sea, la prudencia reclama una determinación resolutiva. En concreto, la prudencia exige del entendimiento la ponderación. Pero tal ponderación intelectual no es suficiente, si no que la prudencia aporta también a la voluntad la fuerza y el coraje para llevar a término lo que se debe hacer.

Pertenecen a la esencia de la prudencia dos elementos: Primero formar un juicio adecuado sobre lo que es mejor entre las diversas opciones que hay que asumir; Segundo una vez formado el juicio recto, entra en función el ejercicio de la libertad para llevarlo a término.
La actitud prudente de la persona se convierte en virtud, cuando se habitúa a actuar siempre de acuerdo con el recto juicio de la conciencia. El hombre prudente es el que tiene el hábito adquirido de actuar conforme a la recta conciencia.

Con la luz que le aporta la conciencia, la prudencia perfecciona el entendimiento por que le ofrece no sólo los criterios de verdad y error, sino de bien y de mal ético. Asimismo, eleva la decisión de la voluntad más allá del querer, puesto que le comunica cuál es el verdadero bien que se debe apetecer y, en consecuencia, qué es lo que se ha de elegir.

“Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que se debe hacer y el mal que debemos evitar. (CEC1806).
El prudente mira lo bueno de la realidad, lo pondera y decide ejecutarlo, puesto que la prudencia es un saber directivo.

La virtud de la Justicia.
Justicia es el hábito según el cual uno, con constante y perpetua voluntad, da a cada uno su derecho. Es la virtud que demanda y exige que se dé a cada quien lo que le corresponde.
Existen tres clases de justicia: conmutativa, distributiva y legal.
  1. La justicia conmutativa es la que rige las relaciones de los individuos entre sí.

  2. La justicia distributiva, es la que regula las relaciones de los gobernantes con los súbditos. Un gobierno es justo cuando distribuye equitativamente los bienes y las cargas entre sus súbditos.

  3. Justicia legal. Es la que mide las relaciones entre los individuos y el Gobierno y el Estado. Los ciudadanos tienen la obligación de cumplir las leyes justas.

El hombre prudente está dispuesto a decidir siempre a favor de la consecución del bien. No obstante, determinarse por el bien no siempre es tarea fácil, muchas veces encierra muchas dificultades. De ahí la importancia de la Fortaleza para llevar a término lo resuelto por la voluntad prudente. De este modo, las virtudes de la prudencia y de la fortaleza se coposibilitan mutuamente.

La fortaleza no es una virtud aislada que puede actuar sola y por sí misma , en la vida moral entra en juego la fortaleza para vencer las dificultades que surgen. Junto a la virtud de la fortaleza se estudian otras seis virtudes afines que derivan de ella y que, al mismo tiempo, la alargan y la engrandecen, cuales son: la magnanimidad y la magnificencia, la paciencia y la longanimidad, la perseverancia y la constancia.

La fortaleza es la virtud cardinal que potencia la voluntad para que se decida por el bien difícil con el fin de alcanzarlo, empleando para ello todas las fuerzas, incluso con riesgo de la propia vida. Por eso se le denomina la virtud del bien arduo.

“Sólo quien es prudente y justo puede ser fuerte”, Fortaleza sin prudencia puede confundirse con ímpetu instintivo o incluso airado.
Cuando lo demande la prudencia y si tal situación representa un compromiso con la justicia, entra en juego la fortaleza, pues entonces la voluntad se empleará a fondo

La virtud de la fortaleza lleva al hombre a ser fuerte y valiente ante las múltiples dificultades internas o externas que se presentan al momento de luchar contra el mal y de hacer el bien.
La fortaleza supone también que la vida moral del hombre es vulnerable y para no ser vencidos, se les exige fuerza y energía para el combate moral.

Existen otras virtudes derivadas y unidas a la fortaleza.
Es clásica la teoría sobre la virtud de la fortaleza que sostiene que esta virtud tiene algunas virtudes derivadas o virtudes pequeñas que se originan de ella y la acompañan.

Estas virtudes son seis y están agrupadas en tres circunstancias.
Magnanimidad y magnificencia. Si se refieren a la actitud y disposición para acometer grandes empresas.
Paciencia y longanimidad. Si se trata de superar las dificultades que se levantan ante los males presentes.
Perseverancia y constancia En el caso de que las dificultades sean duraderas o permanentes.

Magnanimidad.
Es la virtud que inclina a la persona a acometer, en el ejercicio de cualquiera de las virtudes, grandes obras dignas de honor y de aprecio. El hombre magnánimo es sujeto de grandes elogios debido a que practica otra serie de virtudes, tales como la justicia, caridad, veracidad, honradez, sinceridad…

Magnificencia.
Es la virtud que se dispone a llevar a cabo grandes obras y no fáciles de ejecutar, sin que sea obstáculo para realizarlas las dificultades, incluida la cuantía económica.
La virtud de la magnificencia coincide con la magnanimidad en que ambas se ejercitan en llevar a término grandes proyectos.

Paciencia.
Es la virtud que soporta, sin tristeza pero con fortaleza y constancia, las dificultades físicas o morales que le aquejan.
La paciencia es una virtud imprescindible en la lucha por alcanzar la perfección moral. La razón es que la existencia humana está llena de dificultades y se necesita la constancia para perseverar con buen ánimo. En situaciones en verdad difíciles, la paciencia se alimenta de la fe.

Longanimidad.
Es la virtud que da ánimos para persistir en lograr algo bueno, pero que carece inalcanzable.
La longanimidad participa de las virtudes de la paciencia y de la magnanimidad. Con está última tiene en común la espera alegre en que puede alcanzarse lo que se pretende.

Perseverancia.
Es la virtud de permanecer en el bien, a pesar de que se alarga la consecución de aquello a lo que se aspira y para lo cual se lucha, bien sea para arraigar una virtud o para desarraigar un vicio.
Esta virtud tiene mucho en común con la paciencia, se distingue por cuanto la perseverancia está a la espera de conseguirlo, mientras que la paciencia se vive con serenidad y alegría. También tiene cierto parecido con la longanimidad, puesto que ambas virtudes han de esperar largo tiempo antes de que se logre aquello que se propone alcanzar.

Constancia.
Es la virtud que tiene por objeto robustecer la voluntad para que no desfallezca en el empeño por persistir en la práctica moral a pesar de las dificultades que sobrevengan.
La diferencia entre la perseverancia y la constancia es que la primera hace relación a que se continúe y se persista en la práctica del bien, mientras que la segunda acentúa las dificultades ante los obstáculos exteriores con lo que se tropieza.

La templanza.
Es claro que la persona ha de ser dueña y señora de todas sus potencias y de todos sus apetitos. La fortaleza le ofrece el vigor para que actúe incluso hasta el heroísmo en las dificultades más graves por las que atraviesa, pero la vulnerabilidad del hombre es tal, que a veces no le es fácil superar ciertas circunstancias que conlleva el vivir, pues las pasiones humanas y las tentaciones son tantas y tan fuertes, que se expone al peligro de sucumbir. Para evitar tales trances, es deseable precaverse con anterioridad a que esas situaciones hagan acto de presencia. Es aquí donde entra en juego la TEMPLANZA, la cual procura un uso razonable y medido de las cosas y de los placeres para evitar que las pasiones lo dominen. La fortaleza ayuda a superar fácilmente las situaciones desesperadas.

La templanza es la virtud cardinal que orienta y modera la tendencia a los placeres sensibles para que la persona se mantenga dentro de los límites que le señala la fe.
En un sentido vulgar la templanza se entiende como un freno, moderación, contención.
“La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir la pasión del corazón” (CEC1809).
Algunas virtudes anexas a la templanza que derivan de ella son: la humildad, la modestia, la mansedumbre y la clemencia.

La humildad trata de moderar el apetito desordenado de la propia excelencia, a partir del conocimiento.

La modestia es la virtud que inclina al hombre a comportarse en todas sus manifestaciones internas y externas dentro de los límites propios a su estado y posición social.

La mansedumbre tiene por objeto moderar el carácter según la recta razón.

Clemencia, es la virtud que inclina al superior a mitigar el castigo que debe imponer al súbdito culpable. La clemencia nace de la dulzura del carácter que lleva a ser comprensivo con los subordinados.